Ronald Koeman inició su etapa como entrenador del Barça rompiendo, de buenas a primeras, lo que durante veinticinco años ha sido un tabú: salió con un 4-2-3-1, no como recurso, sino como punto de partida. El dibujo con el que Holanda llegó con Ronald a la final de la Nations League y que, por ejemplo, utilizaba el Ajax que eliminó al Madrid y casi se planta en la final de la Champions. Un dibujo que, pese a que para muchos es sinónimo de fútbol de ataque (puede ser casi un 4-2-4), en el Barça es considerado un sistema sacrílego, porque el doble pivote se entiende como toda una declaración de intenciones defensiva.

Sin duda, a Valverde le habría gustado jugar un 4-2-3-1, su sistema preferido, en el Barça. No se atrevió, o dicho de una manera menos drástica, pensó que la plantilla que tenía estaba diseñada para jugar con un 4-3-3 y así se mantuvo, con tendencia al 4-4-2 en algunos partidos. Igualmente, Setién comenzó su breve etapa intentando un cambio de sistema. No buscó un 4-2-3-1, pero sí un 3-5-2. Al cabo de poco tiempo, se rindió igualmente al 4-3-3, sello de identidad c omo consecuencia de un éxito sostenido al cabo de los años, aunque la fórmula de las esencias original fue el 3-4-3, que el propio Cruyff retocaba en los grandes días.

El 4-3-3 ha sido el punto de partida del juego del Barça desde la etapa Van Gaal casi ininterrumpidamente, pero otros sistemas se han utilizado como recurso. Y uno de ellos ha sido el 4-2-3-1, pese a su mala prensa. El Barça de Guardiola, por ejemplo, alcanzó la excelencia con un 4-3-3 con Messi de ‘falso nueve’, pero a menudo cambiaba de sistema durante los partidos. Y uno de los que llegó a emplear es el 4-2-3-1. Poco, pero lo usó, siempre como recurso.

Otras veces, sin embargo, el 4-2-3-1 ha sido el punto de partida. Por ejemplo, Frank Rijkaard trató de imponerlo, con la idea de explotar el juego por los extremos. Era un proyecto nuevo y no resultó. La primera temporada de Rijkaard fue muy irregular hasta que, en el mercado de invierno, llegó Edgar Davids.

Rijkaard intentó instaurarlo, pero su Barça funcionó mejor con el 4-3-3... y Davids

Hasta entonces, Rijkaard había dispuesto un 4-2-3-1 con Xavi y Cocu, o Xavi y Gerard, en el doble pivote. La línea de tres mediapuntas, con Ronaldinho en el centro y, en las bandas, Quaresma, Overmars, Luis Enrique o Luis García. En punta, Saviola, aunque acabó quitándole el sitio Kluivert.

La llegada de Davids sirvió para dar consistencia a la media. Los primeros partidos, en el mismo sistema, con Davids junto a Cocu o Xavi. Hasta que Rijkaard mutó al 4-3-3, pasando a Ronaldinho arriba como falso extremo izquierdo. Y ahí se quedó, pero con un medio centro de perfil fuerte: Cocu y, más adelante, Márquez o Edmílson. Rijkaard venía del Milan, por muy holandés que fuese.

El Barça de Robson

La oposición al 4-2-3-1 viene de antes, del Barça de Robson. Era el primer año tras el despido de Cruyff y eso pesó, a pesar de ganar la Recopa de Europa y la Copa y de ser segundos en la Liga tras un Madrid que no jugaba competición europea y que fue eliminado por el Barça en Copa.

El doble pivote de Robson fue muy criticado, pese a los muchos goles de aquel equipo

En un Barça acostumbrado a la figura del ‘cuatro’ (del ‘seis’ en un 4-3-3), muy específica, Robson introdujo el doble pivote, formado por Guardiola y Popescu. Aunque, con cuatro monstruos arriba (Figo, De la Peña, Luis Enrique y Ronaldo), era un equipo muy ofensivo, practicaba un juego directo en lugar del ataque posicional típico. Por eso el 4-2-3-1 cayó en desgracia, aunque no sea un ataque al ADN.

Sezione: Primer equipo / Data: Mar 15 settembre 2020 a las 09:30 / Fuente: Mundo Deportivo
Autore: Stefano Bentivogli
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