El sábado pasó algo que no es menor. El presidente Bartomeu fue a visitar a la plantilla durante el entreno y lo hizo acompañado del CEO, Òscar Grau. O, lo que es lo mismo, no lo hizo al lado de Éric Abidal, el secretario técnico que se nombró, en su momento, para tender puentes con los jugadores, él que fue uno de ellos. Y muy querido. El desliz de Abidal al contar por qué se había echado a Valverde no gustó nada a los jugadores. Dinamitó estos puentes hasta el punto que no puede poner los pies en el césped. Mal asunto. Para el Barça y para Abidal. El francés ya se quedó más solo tras la dimisión de Jordi Mestre. Con la marcha de Pep Segura –con quien hacía un buen tándem- ya pareció que el siguiente en decir “adiós muy buenas”, sería Abidal. Tendría sus motivos. Él también es víctima colateral de los directivos que jugaban a técnicos o de los lenguaraces que, en no pocas ocasiones, entorpecen negociaciones.

Además del vacío de la plantilla, Abidal ha leído que está aquí porque Jordi Cruyff y Puyol le dijeron que no a Bartomeu. Así las cosas, Abidal debe hacer muy bien las cosas en este complicadísimo mercado de verano. En invierno, estuvo mal. El calendario le jugó una mala pasada. No quiso/no pudo fichar un recambio para Suárez y, cuando se lesionó Dembélé ya había vendido a Carles Pérez y cedido a Aleñá.

Sezione: Club / Data: Mar 26 maggio 2020 a las 14:30 / Fuente: Mundo Deportivo
Autore: Stefano Bentivogli
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