Hay algo mucho más grave para el Barça que terminar o no la presente campaña. Mucho más crucial que ganar un título o ninguno. Mucho más trascendente que presentar números rojísimos en el presente ejercicio. Mucho más nuclear, incluso, que preservar el modelo de fútbol del Barça, el irrenunciable ADN del que nos sentimos orgullos aunque, de vez en cuando, maniate en demasía a nuestros entrenadores. El gran reto del Barça, por encima de cualquier otro, será poder conservar el modelo de club. Esta sí es la línea roja por la que deben luchar Bartomeu y el presidente que venga tras él: que los socios sigamos siendo los propietarios y que el Barça no termine siendo una Sociedad Anónima en manos de un accionista que domine el cotarro.

La crisis del coronavirus, y las consecuencias inmediatas que va a tener también para la industria del fútbol, son una amenaza para el singular modelo de club que es el Barça... Y también el Madrid. Los dos clubs más potentes del mundo son una ‘rara avis’ que deberán batallar para mantener su idiosincrasia.

¿Cuál es el riesgo? Leo, en no pocos foros cualificados de fútbol, que a partir del próximo verano las cosas serán distintas, se rebajarán sueldos a los millonarios jugadores y habrá frenazos en los traspasos por cifras desorbitadas. Permítanme que lo dude. Precisamente, “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Miren en qué manos están hoy los grandes clubs del mundo y verán que los dueños de todos ellos seguirán teniendo fortunas de miles de millones de euros para invertir en sus juguetes/negocios/equipos.

Precisamente, será para ellos el momento de acortar distancias con Barça y Madrid –o Madrid y Barça-, que se han convertido en los dos grandes del fútbol mundial en la última década. En fútbol y en negocio. Más allá de los llamados Clubs-Estado, como el PSG de Qatar o el City del jeque Mansour Bin Zayed, grandes magnates de las finanzas mundiales dominan los equipos que serán competencia para Barça y Madrid en los años venideros. Primero fue Roman Abramovich, que se hizo con el Chelsea. Luego, los multimillonarios americanos entraron en el United (los Glazer), en el Liverpool (John Henry a través de Fenway Group), Arsenal (Stanley Kroenke)... Son gente que igual posee Los Ángeles Rams de la NFL, que Denver Nuggets de la NBA, que los Boston Red Sox. ¿Querían un equipo de la Premier? Lo tienen. ¿Por qué va a renunciar ahora a una estrella, si la pueden comprar? ¿Por compromiso ético con los nuevos tiempos? No le veo. No es proceder para los tiburones.

Además, animados por el líder chino Xi Jinping, en los últimos cuatro años grandes empresarios de su país se han hecho con el control de hasta 20 clubs europeos, desembolsando un total de 2.500 millones de euros. El Milan (el segundo con más copas de Europa) o el Inter (el último italiano en ganar una Champions), por ejemplo, ya están en sus manos. Si dejamos al margen los nombres y miramos la geopolítica, vemos como China y Estados Unidos, las dos superpotencias mundiales, también luchan por hacerse con el control del fútbol. No lo han conseguido, todavía, a través de las instituciones. Sí están camino de hacerlo a través de los grandes clubs.

Y, ahí, en medio, quedan Barça y Madrid aguantando, orgullosos de ser propiedad de sus 140.000 socios. La forma de hacerles tambalear es ahogarles para que no sean, deportivamente, tan competitivos. La solución para el Madrid, me la imagino. El Barça, por encima de todo, debe seguir siendo de quien es, sin salir del podio de la excelencia deportiva. Es nuestro reto para el siglo XXI.

Sezione: Club / Data: Mer 25 marzo 2020 a las 16:30 / Fuente: Mundo Deportivo
Autore: Stefano Bentivogli
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