Nueve amarillas que delatan a Piqué

07.11.2019 16:00 de Stefano Bentivogli   Ver lecturas
Fuente: AS
© foto de Antonello Sammarco/Image Sport
Nueve amarillas que delatan a Piqué

"Me descojono y me lo paso bien porque el mundo del fútbol es un espectáculo. Luego nos reímos en el vestuario". De esta frase de Gerard Piqué hace un mes y seguramente siga pensando lo mismo, pero su tono apesadumbrado en los micrófonos de Movistar Liga de Campeones este martes estuvo muy lejos de su habitual discurso desafiante o dicharachero. "Tenemos que tener la cabeza fría (...). Pediría un poco de paciencia. Tenemos que mejorar".

Piqué se metió para el vestuario con un aire de perfil bajo. Contra el Slavia se fajó y no puede decirse que se quite del medio. Se jugó literalmente la cabeza defendiendo un córner y fue consciente de lo que había en juego ayer. Conversaciones con Valverde, cero excursiones en ataque. Un juego responsabilizado. Pero otra tarjeta, que algo debe significar. Es la novena en 14 partidos oficiales, lo que significa que el central amasa una media de 0,64. su promedio casi triplica el que ha tenido en sus once primeras temporadas en el Barça (0,22). Sin ir más lejos, la temporada pasada había establecido un récord. Apenas vio siete tarjetas en 52 partidos, un porcentaje casi ridículo de 0,13 por partido. La campaña en la que su promedio había sido más alto hasta ahora es la 2015-16 (0,36). Ahora casi lo dobla.

Noble en el campo y nada duro, hay tarjetas que por evitar dar una patada le retratan más que a otros. Fue el caso de la que vio por agarrar a Olayinka. El nigeriano le llevó a la banda, donde Piqué se hace más débil. Y este se vio obligado a un placaje en toda regla. Ya en Praga, se le vio sufrir mucho. No aparenta falta de atención. Es más bien una cuestión de fuerzas. Contra el Levante también rifó el despeje en la jugada del 1-1 y este martes se le vio hacer algún despeje de seguridad que normalmente solventa sacando el balón jugando o apoyándose en Ter Stegen.

El problema de Piqué con las tarjetas coincide con este año en el que se ha volcado con el negocio de la Davis y aunque él mantenga que hasta le viene bien y que es capaz de mantener el foco en su trabajo, no puede evitar que haya cierto runrún en el entorno sobre si son necesarias esas giras de promoción de la Davis, la exposición en programas que no son propiamente deportivos y, especialmente, ese festival de viajes que podría afectar su rendimiento. Es difícil medirlo de forma tangible, pero nueve tarjetas en catorce partidos son un síntoma de algo que delata a Piqué.