Mascherano: “La etapa del Barcelona está cerca de cerrarse”

 de Stefano Bentivogli  artículo leído 122 veces
Fuente: Mundo Deportivo
© foto de Daniele Buffa/Image Sport
Mascherano: “La etapa del Barcelona está cerca de cerrarse”

Cuando Mascherano habla, dice. Y Mascherano habló, dijo y se confesó a fondo en una entrevista sin desperdicios que le concedió a la revista argentina ‘El Gráfico’ en su edición del mes de diciembre, que acaba de salir a la calle.

Tan profundo fue el ‘Jefecito’ que respondió hasta cien preguntas, en las que se refirió a su ilusión por llegar al Barça, lo que hizo para lograrlo, la influencia de Messi para que su arribo se concretara, Guardiola, Luis Enrique, Maradona, Bielsa, sus decepciones con la albiceleste, su relación con Leo, su autocrítica despiadada y hasta su futuro.

A continuación transcribimos los tramos más salientes de la extensa charla que el central argentino del FC Barcelona tuvo con el periodista Diego Borinsky en la clásica sección 100x100 de la mencionada publicación, cuya edición del mes de diciembre acaba de salir a la calle

En el día a día en tu casa, ¿sos serio o sonreís seguido?

En la intimidad, soy de joder y de reírme de mí mismo. “No puedo ser tan burro”, suelo decir. En casa, bromeo con las nenas, ellas me cargan, la más chica me dice “calvo”, no soy un padre que pretende generar ese respeto reverencial que existía antes.

En el casamiento de Messi, te imagino en un rincón, sin participar de los pogos.

Todo lo contrario, ahí soy un descontrolado. Como bailando soy malísimo, porque no agarré el hábito de joven, tengo que armar quilombo porque para lo otro no me da.

Empecemos de nuevo: ¿quién es Javier Alejandro Mascherano?

Un hombre que se ha dedicado a la profesión de futbolista y que la vive lo más intensamente posible. Y, sobre todo, una persona muy tranquila, sencilla, familiera, que necesita poco para ser feliz.

¿De pibe ya eras El Jefe?

Mi apodo de chico era Popi, de Popo, que era como le decía a la pelota. De chiquito era fácil convencerme con un regalo: andaba todo el día detrás de una pelota. Empecé a jugar a los 3 o 4 años, cuando acompañaba a mi hermano Sebastián, que me lleva 8, y me metía en el medio de sus partidos. Ahí me pusieron en la categoría 82, con chicos 2 años más grandes que yo, y era muy pesado con el tema del fútbol. Jefe no tiene nada que ver conmigo. Sinceramente lo digo. En mi vida privada, soy cero mandón, en casa no mando para nada (risas). No soy una persona que se pone nerviosa ni que se suele meter en líos.

Jefe sí te simboliza adentro del campo, como en esa foto desafiando a los belgas de Brasil 2014.

Te soy sincero: son actos que me avergüenzan, doy una imagen que no me gusta para nada. Aparte no soy así, pero muchas veces la pasión por este deporte te lleva a convertirte en algo que no sos. Yo no soy de pelearme en la cancha, me gusta ordenar y hablar con mis compañeros, pero con los rivales intento no tener diálogo, aunque si me buscan y estoy caliente, entro. Después, me da vergüenza verme protestándole al árbitro con la cara desencajada.

¿Qué ocurrió para que pasaras de ser un 9 con buen disparo en el club Alianza a ser defensor central en el Barcelona?

¡Yo también me pregunto qué pasó para haber retrocedido tanto! (risas). No sé, pero igual no me quejo, no creo que la historia hubiese terminado bien jugando de 9, no tengo mucha facilidad para meter goles. El gran cambio en mi estilo se empezó a ver en River. Al llegar al club era un jugador sin quite, un mediocampista de ataque, pero en la Sub 17 me di cuenta de que para eso no me iba a alcanzar, porque había jugadores con más calidad que yo, entonces me decidí a mejorar en lo defensivo.

¿Quién era tu ídolo?

Nunca tuve ídolo, cuando crecí, empecé a mirar a Makelele, por la posición, y por supuesto viví la última etapa de Maradona en los Mundiales del 90 y 94. Era fanático del fútbol más que de un jugador, de mirar partidos todo el tiempo. Cuando tenía 10 años y mis amigos me invitaban a salir a jugar a la tarde, yo me quedaba a ver un partido de Champions. Me conocía todos los equipos de memoria, tenía esa locura.

“Soy un desastre”, le decías a tu viejo en tus inicios en las inferiores de River. ¿De dónde sale esa autocrítica tan feroz?

De mí, de la alta autoexigencia que tengo conmigo mismo, por eso cuando me preguntan por las críticas de afuera, te puedo asegurar que no hay peor crítico que yo mismo. Si repasás mis declaraciones, vas a ver que en muchas ocasiones lo hice público. Equivocarse es humano y uno no tiene por qué esconderlo o tratar de hacerse el tonto cuando se equivoca. Hay que reconocerlo y, sobre todo, aprender de los errores. Para pedirle a los demás, primero me tengo que exigir a mí mismo.

¿Estuviste cerca de fichar por el Real Madrid?

No sé qué tan cerca, pero hubo un contacto del Director Deportivo con mi representante en 2004, cuando estaba en las Olimpíadas de Atenas, y no sé qué pasó. El destino terminó siendo el opuesto seis años después, las vueltas de la vida.

¿Cómo surgió el apodo Jefecito?

Me lo puso Olé en una nota en la que nos juntó con Astrada y me elegían como el sucesor. Con Leo tuve una relación espectacular de entrada, era como un hermano mayor para mí. El jugaba poco con Ramón y entrenábamos juntos los domingos con los que no jugaban y ahí empezó una relación espectacular que sigue hasta hoy, que nos hablamos seguido. Cuando lo vi entrar a Leo por primera vez al vestuario, entendí por qué le decían El Jefe, el respeto que imponía. Yo no tengo esa característica, aunque muchos crean que sí.

Cuando Maradona dijo “Mascherano más 10”, ¿no te dio un poco de vergüenza por Messi?

¡¿Un poco?! Me dio una vergüenza terrible, como cuando anunció que sería el capitán. Siempre me dio vergüenza que la gente me alabe desmedidamente, lo digo con sinceridad, no por demagogia ni falsa modestia. Pero bueno, lo tomé como parte de la forma de hablar de Diego, con sus exageraciones, y como una muestra de cariño más que nada. Nunca me lo creí.

¿Conocés otro caso de un jugador que haya perdido cinco finales con su Selección: 2004, 2007, 2014, 2015 y 2016?

Soy el de las 5 finales perdidas, sí (risas), no conozco otro caso. Así es el fútbol, porque también he ganado muchísimos títulos, pero te cuentan las que perdés, es parte de nuestra profesión. Por otro lado, no es normal perder 3 finales a los penales (sic), es más lógico ganar 2 y perder 1 o al menos ganar 1, y tampoco es habitual perder una final en un alargue, porque en general terminan empatadas, los dos se cuidan. Es lo que estaba escrito para mí, ojalá que todavía quede un capítulo más.

Ya tenés un máster hecho en “explicaciones de derrotas increíbles en finales con la Selección”.

No lo tomo así. Me tocó vivir esto en la Selección hasta ahora, y no tengo problemas en decirlo. Entiendo que en esta profesión ganás y perdés, y a mí, lamentablemente, me tocó perder mucho con la Selección, tampoco saco a relucir que gané dos medallas olímpicas. Después, no podés pensar en buscarle un porqué a todo, a veces las cosas no tienen explicaciones, pasan porque pasan.

Después de la final en Chile, hablaste de “karma” y “tortura”, pero decidiste seguir, ¿por qué?

Porque uno cree que la que viene le va a tocar. Tras perder en Estados Unidos, que Messi anunció que se iba, el Tata me dijo: “Ustedes no tienen ningún motivo para dejar de venir. ¿Por qué? ¿Cuál es la falta que cometieron?”. Me sugirió que como uno de los más grandes tenía que ayudar a que los otros chicos siguieran luchando por esto. Me di cuenta después de que con esas palabras se estaba despidiendo. Pasado eso, tampoco uno podía irse en el medio de las Eliminatorias. Y aquí llegamos. Para felicidad de algunos, ya tengo fecha de vencimiento, el próximo Mundial.

¿Vos hablaste con Messi para convencerlo cuando renunció a la Selección?

No. A Messi no lo convencen ni Mascherano ni nadie, el que debe estar convencido es él. Pasó que la decepción de Leo fue tan grande al perder la tercera final seguida que lo que atinó a decir fue: “Ya está, que se termine esto de una vez por todas”. Cuando lo pensó y se lo replanteó, se dio cuenta de que quería seguir. Después de esa Copa estuvimos 20 días sin hablarnos, cada uno hizo su vida y luego, de a poco, empezamos a entrar en contacto otra vez.

¿No te afecta jugar poco en el Barça?

Quiero disfrutar los últimos años que me quedan de fútbol. Disfrutar quiere decir “jugando”. Si no es en Barcelona, será en otro lado. Cumplo 34 años en junio, me quedarán 2 o 3 años más de carrera, veremos.

¿Cuánto influyó Messi para que te fichara el Barcelona?

Durante el Mundial 2010 escuché que se iba Yaya Touré y que buscaban un mediocampista, entonces le decía a Leo que me encantaría jugar en el Barça. Leo hablaba con Guardiola y la respuesta de Pep era: “Va a venir acá, no va a jugar y me va a armar un quilombo de novela. ¿Cómo hago para tener al capitán de la Selección Argentina en el banco? Te vas a enojar vos, se va a enojar Gaby Milito y vamos a terminar todos peleados”. Eso le decía Pep a Leo.

Y entonces… Entonces le decía a Leo que le explicara a Pep que yo no era así, que no lo iba a hacer quedar mal, que no era de hacer problemas con los entrenadores. En ese momento apareció el interés del Inter con Rafa Benítez, que me había dirigido en Liverpool, y no pudo llevarme. Pasó un tiempo y se dio una de esas circunstancias que te cambian la vida para siempre: en agosto, el Barcelona perdió la primera final de la Supercopa con el Sevilla, sin los españoles campeones del mundo, que estaban con licencia, y resultó ser el último toque de convencimiento de Pep para llevarme, así que respondiendo tu pregunta: Leo influyó muchísimo para que fuera al Barça, pero después tuve que jugar, eh (risas).

¿Cómo te recibió Guardiola? La primera charla fue en su despacho de la Ciudad Deportiva.

Me recibió con música clásica y frase que no olvido más: “¿Vos sabés que venís acá a no jugar, no?” (risas). Le contesté: “Quedate tranquilo que conmigo no vas a tener ningún problema”. Y es la verdad, porque soy así, aunque muchos quizás tengan otra imagen. Hablé muchísimo de fútbol con Pep en esos dos años que lo tuve. El me preguntaba por Bielsa y por la Premier, se ve que ya tenía en la cabeza dirigir allí. Pep siempre fue muy inquieto, todo el tiempo pregunta y saca cosas.

¿Alguna vez te enojaste con Pep?

Nunca, es que no suelo enojarme con los entrenadores ni hacerles planteos, suelo ponerme en su lugar. Un entrenador nunca va a atentar contra su propio beneficio. Siempre intenté entrenar de la mejor manera para tener más opciones y creo que Pep valoró eso de mí.

¿Qué significa “Més que un club”, vos que lo vivís desde adentro?

Está relacionado con la ciudad, con lo que representa el club para los catalanes y trata de demostrarlo en acciones. Es muy parecido a River en lo social. De hecho, cuando llegué al Barcelona, me hizo recordar al momento en el que había llegado a River, tuve esa sensación.

Mascherano quiso opacar a Messi el día de su gol 500, metiendo su primer gol en Barcelona en su partido N° 319. ¿Verdadero o falso?

Nooooo, falso (risas), ¿qué voy a opacar? Todos me venían jodiendo, Luis Enrique me decía que no podía ser que no hubiera metido ni un gol en el Barcelona, mismo en los entrenamientos cuando hacía definiciones. Otras veces Leo me había ofrecido patear un penal, pero me negué, no quería forzar nada, y contra Osasuna nos dieron el penal, la gente empezó a pedirme, ganábamos 5-1 y Piqué le pidió la pelota a Rakitic y casi que me obligó. No me quedó otra.

Cuando a Luis Enrique se le escuchó en TV: “Madre mía, Masche, vete a la mierda”, ¿te tuvo que dar explicaciones?

Para nada, porque me lo dijo por una jugada puntual. Además, en el entretiempo me lo volvió a decir (risas). Esa expresión fue porque no estaba haciendo posicionalmente lo que él pretendía, no fue por errar un pase. Con Luis teníamos una relación en la que él me podía decir lo que quisiera, no lo sentí como una falta de respeto. Aparte, no me siento mal por una frase así, me siento mal por mandarme cagadas o por no poder ayudar al equipo.

¿Messi es líder?

No lo imagino arengando en el vestuario. Para ser líder no hay que gritar, hay que decir las cosas en el momento justo. Y Leo lo hace. Leo es muy inteligente, habla cuando tiene que hablar. Aparte, para ser escuchado no podés estar hablando siempre, si no, la gente se cansa. Más allá de todo, un jugador como Leo se gana el respeto de todos sus compañeros jugando.

El podio de los 5 mejores entrenadores que tuviste

El mejor de todos fue Guardiola, no tengo dudas, porque me hizo ver el fútbol de un modo diferente a como lo había visto hasta los 26 años. Nadie me lo había explicado así. Después, tuve la suerte de ser entrenado por Bielsa en los inicios de mi etapa profesional y aprendí mucho de Rafa Benítez, con su estilo italiano de la escuela de Sacchi. Completo con Luis Enrique, a quien considero en un nivel muy cercano a Pep, y con Alejandro Sabella, que desde otro lado me llegó mucho.

¿En qué cosas concretas Guardiola te hizo ver diferente el fútbol?

Como volante central siempre me habían dicho que tenía que jugar rápido para darle fluidez al juego, buscar al mediapunta o al enganche con mi pase. Guardiola me dijo lo contrario: “Tienes que esperar a que alguien te salga, para liberar a un compañero. Y si no te vienen a buscar, lo tenés que ir a buscar vos”. Uf, rarísimo para mí. Pep hizo evolucionar el fútbol desde el 2008, te lodicen los mismos entrenadores, hay un antes y un después de Guardiola. Gracias a Dios creo que algo aprendí, no sé si tendré ganas de aplicarlo, pero para ver y entender fútbol al menos me sirve.

¿Te afecta cuando la prensa te sube o te baja exageradamente?

Yo escucho y leo, porque me gusta estar informado, pero estoy en un momento de mi vida en que no me afecta, quizás hace algunos años sí me afectaba. Me molesta la falta de respeto, eso sí. Por ejemplo, que un tipo haga un editorial diciendo que soy un vendehumo cuando suelo ser el primero en reconocer que soy un desastre cuando juego mal, o que juego porque soy amigo de Leo, eso es una falta de respeto. ¿330 partidos en Barcelona por ser amigo de alguien? ¿150 partidos en el Liverpool y 140 partidos en la Selección por ser amigo de alguien? Si fuera así, ¡tengo que prenderle una vela a San Amistad! Me molesta el populismo sin fundamento.

“Llegará un momento en que no estaré a la altura del Barcelona”, declaraste en Clarín, en febrero 2016. ¿Llegó ese momento?

Todavía no, pero se acerca, lo tengo clarísimo. Soy un convencido de que las etapas hay que cerrarlas en la vida y la del Barcelona está cerca de cerrarse. Creo saber cuándo, pero no la voy a decir.

Ya le comunicaste a Bartomeu que te vas al final de la temporada para jugar en la MLS. ¿Verdadero o falso?

Falso, porque aún no decidí dónde voy a jugar. Y porque tampoco le dije al presidente que me iba en junio. Dije otras cosas y a otra gente (risas).

Vos que lo conocés a Messi desde otro lugar que la mayoría, ¿qué es lo que más te sorprende de él?

La naturalidad con la que vive. Con todas las posibilidades que tiene, y no hablo de lo económico, sino de la gente poderosa con la que podría rodearse, él sigue viviendo igual, de forma natural, sencilla. Al final, en la vida aprendés que los verdaderamente grandes son los más humildes. No necesitan demostrar nada, no necesitan sobreactuar.

¿Cómo es Messi en el día a día: un tipo callado, malhumorado, jodón?

Somos parecidos con Leo, a la mañana nos cuesta empezar a hablar, pero después es recontra abierto y jodón, en confianza se habla de lo que sea.