La última de Dembélé

08.10.2019 12:00 de Stefano Bentivogli   Ver lecturas
Fuente: Marca
La última de Dembélé

Un paso para adelante, dos para atrás. Así se podría resumir el balance de Ousmane Dembélé desde que está en el Barça, equipo al que llegó en 2017. El coste de su traspaso (105 millones de euros más 40 en variables), sus lesiones, sus excéntrica vida privada y ahora, sus lesiones. Todo ello ha colmado la paciencia de la afición azulgrana, que no entiende cómo un jugador de su enorme talento no sobresale por encima de las polémicas que le rodean.

Su primera temporada con el equipo azulgrana fue desastrosa. Venía para hacer las veces de Neymar en el campo y dos lesiones le privaron de jugar gran parte de la campaña. La afición tuvo paciencia y esperó a su regreso en el último tramo, donde tuvo actuaciones que invitaban a soñar con un jugador muy veloz, descarado y que tenía una gran capacidad de desbordar, tanto en carrera como en sus explosivas arrancadas. La segunda temporada debía ser la de su confirmación, pero poco a poco fue perdiendo protagonismo debido a la titularidad de Coutinho. El brasileño empezó a flojear y al francés le volvieron a llegar las oportunidades, pero su cabeza le jugó malas pasadas.

Uno de sus habituales retrasos en los entrenamientos, llegando incluso a llegar dos horas tarde, le costaron una multa de 100.000 euros por parte de un club que empezaba a desquiciarse con el jugador. Pero también volvieron las lesiones y el balance volvió a ser negativo. No terminaba de arrancar y desde la directiva se plantearon seriamente utilizarlo como moneda de cambio con el PSG para abaratar el regreso de Neymar. Dembélé se negó en rotundo a entrar en la operación porque su sueño es triunfar en Barcelona, pero sus actos parecen querer decir lo contrario.

Terminó quedándose y esta temporada empieza siendo titular ante el Athletic, pero un despiste suyo es el origen del golazo de Aduriz que terminó en derrota azulgrana. Al acabar el partido estaba con molestias y por la noche estuvo cinco horas durmiendo en el aeropuerto, una nueva polémica que ponía de nuevo sobre la palestra su polémica vida privada. Sus amistades, sus hábitos trasnochando para jugar a la consola en la casa que comparte con su mejor amigo y su discutida dieta (el Barça le llegó a poner un cocinero particular que el jugador terminó despidiendo) hartaron a los directivos azulgranas.

Semanas después, acaba con molestias el partido ante el Villarreal y no dice nada a los servicios médicos. Pero todo sale a la luz cuando, justo antes del partido ante el Getafe Valverde le quita de la convocatoria por lesión alegando que era mejor ser precavidos. Otro nuevo contratiempo y más semanas de recuperación que terminan con su regreso en Champions ante el Inter de Milán, donde juega unos minutos. Pero es en Liga cuando recupera la titularidad este domingo en el Camp Nou ante el Sevilla. Una nueva oportunidad que el futbolista celebra marcando el tercer tanto del encuentro. Pero entonces, su enésima torpeza. Esta vez no fue una lesión, sino su cabeza. Con una amarilla absurda, en los últimos minutos del partido no se le ocurre otra cosa que acercarse a Mateu Lahoz para decirle "eres muy malo" a la cara. Expulsión y, salvo sorpresa, baja segura en al Clásico ante el Madrid, además de su garantizada baja ante el Eibar. Más sombras que luces en la carrera de un jugador que cuenta con 22 años y que, si no corrige su comportamiento dentro y fuera del campo terminará teniendo los minutos contados en el Camp Nou. Porque por condiciones, brutales, no es. El problema, su cabeza. Su peor enemigo, él mismo.