Johan Cruyff se marchó el 24 de marzo de 2016. El Barcelona era entonces lo más parecido a Disneylandia. El equipo había conseguido la temporada anterior el triplete y en ese momento podía presumir de ser el campeón de Europa y del mundo. La temporada anterior se había salvado una enorme crisis con la dimisión de Rosell, un equipo a punto de explotar después del mazazo de San Sebastián y la 'rebelión' de Messi y la convocatoria de unas elecciones que ganó Bartomeu aupado por el sorprendente triplete del equipo.

El Barça volvía a estar de moda con una delantera que era la envidia del mundo. El tridente formado por Messi, Neymar y Luis Suárez, era una máquina de hacer goles y en el momento del fallecimiento del holandés las opciones de reeditar el triplete eran muy grandes. Era un cómodo líder en la Liga, estaba clasificado para la final de Copa y acababa de eliminar con solvencia al Arsenal en Champions después de ganar los dos partidos.

Cuatro años después la realidad no es la que más hubiera gustado a Cruyff. Desde entonces, el equipo se ha ido desinflando paulatinamente. Se mantiene firme en Liga, pero desde entonces no ha vuelto a ganar la Champions. No sólo eso, sino que ha encajado derrotas sonrojantes (París, Roma, Turín, Liverpool) que le han quitado la etiqueta de mejor equipo del mundo. Ni siquiera la Copa funciona, bastión inexpugnable hasta entonces, en la que se han escapado las dos últimas ediciones.

Al rendimiento deportivo, se le unen otros aspectos que para Cruyff eran fundamentales. Uno de ellos es el mantenimiento del equipo base. La marcha de Neymar cogiendo totalmente desprevenido al club, fue un golpe del cual hasta ahora no se ha repuesto. Los refuerzos que se han traído desde entonces, Dembélé, Coutinho y Griezmann, no ofrecen ni de lejos el rendimiento del brasileño. El equipo lo nota y el club también, porque en ellos se dejó caso 400 millones.

Otro aspecto es el de la cantera. Desde entonces, y es algo que ya se vislumbraba por 2016, el número de jugadores que ha ascendido del filial es mínimo. En la final de Champions de 2015 hubo cinco jugadores de la cantera titulares en el once de Berlín. En la actualidad, hay cuatro... y son los mismos que hace cinco años. La regeneración es mínima.

Y, por último, está el club a nivel institucional. Bartomeu está más cuestionado que nunca por parte de una afición que ya le ha dedicado un par de pañoladas en el Camp Nou. El escándalo de las redes sociales ha puesto en tela de juicio el buen hacer del club. La división entre la plantilla y la directiva es palpable como se ha comrpobado a lo largo de la última temporada con fuego cruzado de declaraciones. Y la situación económica tampoco invita al optimismo porque no hay un duro en caja y el club tiene más créditos abiertos de los que debiera. No, esto no es lo que era cuando Johan se marchó.

Sezione: Primer equipo / Data: Mié 25 Marzo 2020 a las 00:01 / Fuente: Marca
Autore: Stefano Bentivogli
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